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estilo románico

El arte románico se desarrolla entre los siglos X y XII, pero sus orígenes se remontan a las invasiones bárbaras del siglo V cuando Carlomagno (742-814) quiere recuperar los antiguos territorios del Imperio romano de Occidente bajo una sola autoridad política, una sola religión, la cristiana de Roma, y una sola cultura. Sin embargo, la unidad alcanzada por el Imperio carolingio en todos los ámbitos se rompe al morir su fundador, cuando sus territorios se dividen entre sus descendientes y cuando pueblos extranjeros como los vikingos crean en el siglo X el ducado de Normandía y después el reino de Inglaterra (1066). A pesar de que Carlomagno no cumple su objetivo, sí se fijan los cimientos para que en el siglo XI culmine el feudalismo y la Iglesia Católica retome la idea de crear un orden universal. 

El feudalismo es un sistema económico, social y político vigente en Europa occidental en los siglos IX, X y XI. Se basa en la gran propiedad (feudo) y en los lazos personales de dependencia entre el señor y sus vasallos, con un juramento de recíproca fidelidad entre ambos. El centro de esta extensión de tierra es la residencia de su dueño (castillo, catedral o abadía), para quien trabajan siervos y colonos a cambio de protección. En este sistema jerárquico el rey, no siempre el más poderoso, ocupa la cúspide y, a partir de ella, se establecen distintas categorías de señores feudales.

El sistema feudal predomina, por lo que las costumbres eclesiásticas se relajan y la Iglesia debe someterse a una reforma interna, promovida por Gregorio VII (1020-1085), papa desde 1073. Se prohíben, por ejemplo, el matrimonio de los sacerdotes (nicolaísmo) o la compra de obispados y abadías (simonía).


Gracias a San Benito de Nursia (480-547), en el siglo VI el Imperio Occidental comienza a practicar el monaquismo. En lugar de dedicarse sólo a meditar, los monjes ahora también realizan un trabajo manual, al tiempo que observan tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Este trabajo agrícola y artesanal permite a los monasterios ser económicamente independientes, aunque esta independencia no es completa al inmiscuirse lo político y social del feudalismo. 


En el año 910, Guillermo el Piadoso I (875-918) prohíbe el trabajo manual y se dedican ocho horas diarias a la oración, además de promover la sumisión directa al papa, sin la mediación de obispos ni señores. Como consecuencia, impone un estilo uniforme, el Románico, para construir conventos e iglesias, tanto de su propia orden como de otras. Por tanto, a lo largo del siglo XI el monacato en general, pero sobre todo el cluniacense, vuelve a sufrir una crisis al volcarse más en lo mundano que en lo divino.


En 1908 se promueve una segunda reforma desde la Orden del Císter. Los cistercienses propugnan la aplicación rigurosa de la regla benedictina, repartiendo nuevamente las horas del día entre el trabajo agrícola y la oración, pero también retornando a pobreza en la vida diaria y en la liturgia, apartada ya de toda ostentación. Esto implica un rechazo hacia lo decorativo, que supone suprimir pinturas y esculturas, vuelca todos los esfuerzos en lo meramente estructural, aportando ideas originales que constituyen la raíz del Gótico.

Impulsados por el deseo de expiar culpas, pedir favores o dar gracias, los cristianos se dirigen a Santiago de Compostela, donde se guarda la tumba del apóstol. Surge así el Camino de Santiago, una vía económica y cultural que comunica la península Ibérica con el resto de Europa.

Las peregrinaciones incentivan la construcción de muchas iglesias dentro del estilo románico y el culto a las reliquias en donde el cuerpo de un santo o los objetos relacionados con él son sagrados.

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