Antigua Roma
barroco
Barroco es el nombre que recibió el arte del siglo XVII. No es un estilo cerrado sino que por el contrario conjuga producciones diversas e incluso contradictoras.
En el Siglo XVI los países católicos experimentaron un esplendor de la Iglesia en su poder terrenal y espiritual, mientras que los países protestantes como Holanda e Inglaterra desarrollaron un gran repertorio de arte profano, rechazando las imágenes cualquier imagen dentro del templo. A pesar de estas diferencias en cuanto a lo religioso, toda Europa se conjugó en una misma sumisión frente a una monarquía absoluta.
El Siglo XVII estuvo lleno de crisis y cambios. La reforma protestante de Lutero, por ejemplo, llevó a los papas a responder con el Concilio de Trento, llevado a cabo entre 1545 y 1563. En él se estableció la importancia de las imágenes por su función didáctica y arma propagandística y pedagógica. Tanto el gobierno como la Iglesia necesitaban moldear las conductas en medio de la crisis, económica y religiosa que dejó la reforma, las guerras, como la de los 30 años (1618-1648), pandemias, epidemias, y revoluciones.
Los avances filosóficos y científicos van a tener grandes repercusiones en el arte. Descartes (1596-1650) inicia la filosofía moderna caracterizada por la supremacía de la razón sobre la fe; Kepler (1571-1630) y Galileo (1564-1642) aportarán una visión dinámica y heliocéntrica del universo, mientras que Isaac Newton (1642-1727) explica el mundo desde lo maquinario. Es por esto que el Barroco se va a oponer a lo estático del Renacimiento.

Con este panorama, la filosofía en el barroco se caracteriza por una tensión entre contrastes irreconciliables: el optimismo del renacimiento lucha con el pesimismo de una época traumatizada por la violencia y pobreza. El idealismo se contrapone al materialismo; la vanidad y la cursilería van en contra de lo efímero, esto último, enaltecido por el teatro, el cual se compone como la expresión del pensamiento de la época: la vida es un teatro. El tema de lo efímero se vuelve recurrente en diferentes filósofos, pero también en literatos como William Shakespeare y Calderón de la Barca.
La cultura barroca resulta entonces dirigida, masiva, urbana y conservadora. Para enaltecer el poder eterno, se conmueve al espectador a través del pathos.
Ahora, a pesar de que la filosofía y la ciencia tratan de cuestionar la soberanía de la iglesia y la monarquía, éstas se van a valer del arte para manipular y persuadir mediante el juego entre lo real e ilusorio.
Se busca que el espectador se sienta dentro de la obra, por lo que el dominio de la técnica es fundamental. A la ilusión se llega desde la realidad y, por tanto, hay que confundir al observador para que no pueda precisar dónde acaba lo verdadero y dónde empieza lo ficticio.
Aquí radica el carácter teatral del Barroco, que no pretende hacernos creer que lo que vemos es verdad, pero sí que llegue a sorprendernos tanto que, por un momento, olvidemos nuestro mundo cotidiano para sumergirnos en otro que nos atrae irresistiblemente.
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La iconografía será tanto religiosa como profana. Se mantiene entonces la imagen que, con un fin didáctico y emocional, tiene que transmitir la doctrina y acrecentar la fe a través de su realismo, que ahora en el siglo XVII alcanza sus máximos logros a través de una representación familiar y casi tangible desde el punto de vista material. El espectador pone en juego sus sentidos para establecer un contacto directo con la divinidad, de modo que entre lo terrenal y lo celestial se borran ya las fronteras. El artista se ciñe a lo esencial para que el espectador conozca al personaje, comprenda el mensaje y quede inmerso sentimentalmente en la órbita de la obra mediante la minuciosidad de los detalles, atributos de la figura y objetos.
Los estilos que se desarrollaron bajo este movimiento fueron el naturalismo, realismo y clasicismo.
El arte barroco se va a caracterizar por el interés de mostrar teatralidad y movimiento articulando líneas secantes con curvas para dar un efecto de inestabilidad (La elevación de la cruz, Rubens). También, el claroscuro se va a perfeccionar para resaltar lo importante de la pintura (Crucifixión de San Pedro, Caravaggio). El miedo al vacío va a ser también importante para reconocer una obra barroca, en tanto las composiciones están recargadas. La temática sigue siendo el hombre, pero ahora no idealizado sino real, con arrugas, risas, y expresiones (Las Tres Gracias, Rubens). Las pinturas de género (escenas de la vida cotidiana) (La Lechera, Vermeer), paisajes y naturaleza muerta cobran importancia en esta época.
Finalmente, este arte se expresó en un énfasis en la realidad, lo mundano, lo efímero; y por una visión grandilocuente y exaltada de los conceptos nacionales y religiosos como una expresión del poder. A su vez, todas las manifestaciones de arte se conjugan para crear una gran obra de arte teatral. Así, el teatro constituye para muchos pensadores una analogía fundamental.
artistas barrocos
Italia
Alemania
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Vieja friendo huevos (1618)
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La fragua de Vulcano (1630)
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Marte (1638)
Países Bajos
Rembrandt (1606-1699)
Países Bajos
Johannes Vermeer (1632-1675)
Italia
Gian Lorenzo Bernini (1598-1680)