Decapitaciones de Caravaggio
- Pianista Frustrada

- 1 mar 2021
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Actualizado: 2 mar 2021

Judith y Holofernes (1598) es una escena que Caravaggio toma del Antiguo Testamento. Durante las guerras contra los asirios, la viuda Judith, con ayuda de su criada, seduce y emborracha a un general asirio para decapitarlo.
El artista decide retratar el momento exacto en el que la viuda pasa la espada por el cuello de su víctima, y vemos cómo la sangre apenas sale por sus venas, sin que aún manche la almohada. Esta es una escena en movimiento, que nos invita a imaginar qué va a suceder después.
A pesar de que Judith está tranquila y decidida, no disfruta el momento porque no es sanguinaria, tal como nos lo indica su expresión asqueada. Cuentan que esta obra causaba horror en quienes la veían por primera vez en su ubicación original en el Palaccio Zambeccari en Bologna. Al verla por primera vez el espectador tiende al fruncir el ceño como Judith y luego a acercar su nariz a la tela como su criada, maravillado por el cuadro.
Es precisamente este acercamiento entre los personajes y el espectador lo que intentaba la pintura de la época: se apela a la violencia para grabar en el espectador el mensaje.

La Decapitación de San Juan Bautista (1608) es uno de los trabajos más grandes de Caravaggio, por su tamaño, expresión e impacto en la historia del arte.
El artista representa el abandono del profeta (humanidad), al ser sometido a una cruel muerte. El rojo intensificado y las cuatro figuras electrificadas por la muerte. Desde la distancia, dos prisioneros logran predecir su propio futuro.
Asimismo, es imposible no ver a Caravaggio imaginando aquí su propio destino. Sus últimos años viviendo como fugitivo nos permite representarlo en los dos prisioneros expectantes, o incluso como el mismo Juan, completamente solo y abandonado. Algo que podría confirmar esta interpretación es que Caravaggio firma esta obra justo debajo de la sangre del Bautista.


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