Escultura Románica
- Pianista Frustrada

- 11 ene 2021
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La escultura románica está, de igual modo que la pintura, subordinada a la arquitectura, que determina las zonas o espacios que deben de ser recubiertos con relieves o estatuas. Los lugares donde más esculturas podemos encontrar son las entradas o pórticos de las iglesias y los capiteles de las columnas o pilares.
El empleo de las esculturas era representar lo divino, y la peregrinación permitió desarrollar mucho esta rama en tanto se deseaba dar la bienvenida y alojamiento a los caminantes.

Muchas de las obras esculpidas se realizaban para decorar los interiores sobre todo en madera policromada y en algunos casos se recubren con metales como el bronce o la plata. Otras esculturas se esculpían para decorar las fachadas de los edificios siendo en los dos casos un importante vehículo propagandístico. Para esto se empleaban los capiteles historiados, relatos de episodios bíblicos y cotidianos.

Al igual que la pintura, la simetría es vital, y se da protagonismo a los personajes a través del tamaño de sus relieves. La relación entre el tamaño lógico de la figura y el fondo es distinta a la realidad, dando una perspectiva incorrecta. Los motivos normalmente se repiten y el resultado final de la obra es muy tosco y rígido.
En la escultura, lo más importante es el tímpano, espacio delimitado por el dintel y las arquivoltas, que adopta la forma semicircular –ya no triangular como en la arquitectura griega– para exponer una única escena triunfal en la que una figura de mayor tamaño, la de Jesucristo, domina a las demás, con temas tan generalizados como la visión apocalíptica y el Juicio Final.


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