Pintura del Quattrocento: Renacimiento del Siglo XV
- Pianista Frustrada

- 17 feb 2021
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En el Renacimiento los cuadros individuales van a reemplazar los retablos de la Edad Media y van a surgir más obras de temáticas profanas. El fondo con paisaje va a ser común para dar profundidad, además del uso de otras técnicas con las que pueden manejarse mejor la sombras y aportar a dar volumen.

Un logro monumental en la pintura es el uso de la perspectiva matemática. La perspectiva matemática implica que se mira un espacio desde un único ojo inmóvil y plano, y da por resultado un espacio infinito, constante y homogéneo. Antes de esto, para la representación del espacio se empleaba la perspectiva caballera o se organizaban la composición con líneas paralelas que confluyen en un eje de simetría central. Tal es el caso de La Sacra Conversación (Piero della Francesca, 1472), en donde se ven unos personajes ubicados en un espacio tridimensional muy bien proporcionado. También se evidencia un avance en la representación de la realidad con la textura de las telas y carnaciones. Sin embargo, aún hay una disposición esquemática y rígida de los personajes que no permite una conversación con el espectador.

La perspectiva lineal heredada de la arquitectura de Brunelleschi, añadida a las conquistas de la profundidad y el volumen por la nueva relación de la luz y la sombra son puestas en la pintura por Masaccio (San Giovanni Valdarno, 1401-Roma, 1428). La primera pintura realizada con perspectiva matemática es La Santísima Trinidad (Masaccio, 1428). Los personajes se ubican en un espacio arquitectónico romano. En la obra se evidencian tres espacios: el terrenal en donde están los comitentes, el intermedio donde se ubican María y San Juan y finalmente un tercer espacio elevado y alejado en donde está representada la Santísima Trinidad.
La idea de que las líneas paralelas se encuentran en un punto de fuga se conjugan con el uso del escorzo, una estrategia que Giotto nunca conoció. A pesar de que la perspectiva lineal se describe detalladamente posterior al trabajo de Masaccio, este pintor logra dominarla muy bien, como se evidencia en la Santísima Trinidad (1428).

Andrea Mantegna (Venecia, 1431-Mantua, 1506) también demuestra un maravilloso uso del escorzo, especialmente en la Lamentación sobre el Cristo Muerto (1480). Es un gran avance no mostrar personajes de frente o perfil, y además dotarlos de gran dramatismo y sufrimiento.
Sandro Botticelli (Florencia, 1444-1510) se va a alejar de estas pretensiones para dibujar en un fondo plano figuras imperfectas anatómicamente y sin afán de profundidad. Por eso, sus figuras se alargan demasiado y parecen flotar en el aire sobre el fondo en el que claramente se recortan.
En la Alegoría a la Primavera (1477) Botticelli nos muestra un jardín con Venus, la diosa del amor. por encima de ella se eleva Cupido y a su lado izquierdo las tres gracias. Finalmente al otro lado se encuentra el mensajero de los dioses, Mercurio, velando que nada perturbe el jardín. La representación alude a la belleza ideal, y al gusto por el detalle.

A pesar de esta diferencia con sus contemporáneos, es renacentista porque se inspira en las figuras clásicas. Botticelli recupera la mitología clásica, que él adapta a un contexto cristiano según la filosofía neoplatónica de los humanistas florentinos que, vigente desde fines del siglo XV, insiste en que todo el universo se relaciona con dios por medio de un flujo espiritual constante que comunica lo terrestre y lo celestial. Esto explica que Botticelli afronte el cuadro mitológico con gran formato, algo novedoso pues esto hasta ahora se había reservado para las obras religiosas.




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