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Arquitectura Gótica

  • Foto del escritor: Pianista Frustrada
    Pianista Frustrada
  • 21 ene 2021
  • 3 min de lectura

La principal forma de expresión del arte gótico fue la arquitectura, ejemplificada con las grandes catedrales góticas del norte de Francia. Los ejemplos más destacables eran la Catedral de Chartres, la Catedral de Notre-Dame y la Catedral de Colonia, del mismo modo, las abadías de Canterbury y Westminster en Inglaterra también son de estilo gótico.



Abadía de Westminster, Inglaterra // 1520

La catedral constituye el centro de la ciudad por su volumen y altura. Toma elementos románicos, pero logra darle un nuevo sentido a la luz “divina” gracias al manejo del vidrio. Por tanto, el interior gótico es más iluminado que el románico, pero además su luz deja de ser natural para convertirse en trascendental una vez que es tamizada por los tonos predominantemente rojos y azules de los cristales. Esta luz equivale a la misma presencia divina y, al mismo tiempo, deja a la vista el sistema arquitectónico que hace posible este milagro, con lo que el paralelismo con el pensamiento escolástico es evidente.



Catedral de Notre Dame, París // 1163-1250

Se mantiene la planta de cruz latina con varias naves (hasta cinco e incluso siete), pero no se distinguen netamente los brazos del crucero y la cabecera, ya que ésta crece de manera excesiva, hasta el punto de tener a veces dos girolas en un ábside ya no semicircular sino poligonal. Las nuevas modificaciones hacen que las diversas unidades espaciales del edificio pierden independencia en aras de una mayor integración.

El arco característico del Gótico es el apuntado u ojival, formado por la intersección de dos segmentos de círculo de igual radio y centros diferentes. Frente al de medio punto románico, es más esbelto y disminuye los empujes laterales, lo que permite elevar el edificio, vaciar los muros para abrir en ellos ventanas y realizar la bóveda de otra manera.

Como el objetivo principal es la entrada de luz en el edificio, el muro abandona su función de soporte, por lo que se adelgaza y recibe ventanas. Por tanto, se ingenian nuevas soluciones para recibir el peso de la cubierta: por dentro, el pilar fasciculado y, por fuera, el contrafuerte y el arbotante.



Altar Mayor de la Catedral de San Esteban. Viena, Austria // 1137

Frente al espacio arquitectónico románico, horizontal y cerrado, el gótico es vertical y abierto. El eje longitudinal sigue existiendo, lo que implica un movimiento en profundidad, pero ya no dominante, porque no es necesario buscar a Dios, presente ahora en el edificio y, a través de él, en toda la ciudad. Su eje vertical deja constancia del carácter infinito de lo divino y de la pequeñez de lo humano.

La construcción se concibe como un esqueleto que se deja totalmente a la vista para que el espectador comprenda el juego de fuerzas entre empujes y soportes que la hace posible. Como sucede con los sillares, también aquí se extrae de lo estructural un sentido estético. Estamos ante un edificio transparente formado por una red de líneas de piedra que destacan por su tensión y su dinamismo, hasta el punto de parecer que pueden quebrarse en cualquier momento.

Pero una vez que la luz física se hace sobrenatural, ésta sale a través de los muros, con lo que el espacio urbano también se espiritualiza. Esto explica que, dentro de la irregularidad propia de una ciudad medieval, se imponga ahora un cierto orden que, con reminiscencias romanas, se manifiesta en la muralla, que establece la zona regida por la ley y la seguridad, y en la división cuatripartita, con dos calles principales que se cortan perpendicularmente para marcar el centro, donde se sitúan la iglesia, el ayuntamiento y el mercado.

Finalmente, las gárgolas son un elemento gótico muy reconocido, se trata de un elemento decorativo y funcional a la vez, son cabezas de criaturas monstruosas por cuya boca se desalojan las aguas de las lluvias, que, junto a las quimeras que no son funcionales sino decorativas, se encargan de proteger las edificaciones góticas.

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