El Bosco
- Pianista Frustrada

- 25 abr 2020
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Actualizado: 28 feb 2021
Jheronimus van Aken (Bolduque, c. 1450-1516), llamado familiarmente el Bosco, fue un pintor nacido al norte del Ducado de Brabante, en los actuales Países Bajos.
El Bosco fue un artista muy ortodoxo y con ideas bastante conservadoras asociadas a la religión, tal y como se esperaba en la época. A pesar de que en el siglo XV el Renacimiento y el humanismo florecían en Europa, el oscurantismo y las ideas de la Edad Media aún resonaban al norte del continente, por lo que la obra de El Bosco se va a caracterizar por interpretar todo como una señal divina y la lucha constante entre el bien y el mal.
Además, resalta por varias cosas. Una de ellas la capacidad para imprimir emociones muy creíbles en la anatomía y rostros de sus personajes. Su trabajo va a inspirar a Goya y Pieter Bruegel el Viejo respecto a las expresiones anatómicas frente a la violencia. Además, el Bosco va a trabajar en una época que pasa de lo hermético del sistema feudal al trajín de la ciudad y todos las herejías que esto representa, lo que va a estar plasmado en sus obras.
Sus mensajes van a alejarse un poco de los del arte religioso en la época. Para el Bosco lo importante no es tanto hacer el bien, como evitar el mal y seguir esta norma a lo largo de la vida, como mostrará también en el Jardín de las Delicias (1500-1505). Lo que preocupaba a los hombres de la época y por supuesto al artista no era la muerte, ya que fue una época con pestes como escenario cotidiano, sino lo que pasará después de ella: el temor al infierno condicionaba la vida de las personas.
Al igual que su obra, la vida de este artista mantiene misterios aún sin resolver. No dejó diarios como su contemporáneo Da Vinci y muchos de sus registros y huellas seguramente fueron incinerados en un incendio que ocurrió en su ciudad. Ahora, quizás una de las razones por las que el Bosco se mantiene enigmático es que sus alegorías eran entendidas por sus contemporáneos, pero nuestro pensamiento moderno no nos permite aprehender en su totalidad su simbolismo.
El Bosco impulsó un trabajo metafórico a partir del estudio de las escrituras, pero tras su muerte esta propuesta iba a ser olvidada por el racionalismo y cientificismo del siglo XVI. No va aser hasta el siglo XVIII que con Goya, por ejemplo, van a verse de nuevo el terreno de los sueños impreso en las pinturas (i.e. las pinturas negras).
Tríptico del Jardín de las Delicias (1500-1505)

El Bosco realiza esta obra entre 1500 y 1505, convirtiéndose en una de sus más famosas e importantes. En ella representa el destino de la humanidad de manera compleja y enigmática, aunque este concepto se verá más claro en su otra obra El Carro de Heno (1500-1516). Este tríptico fue un encargo de la familia Nassau por el matrimonio de Enrique III, para regalarle una guía de lo que está bien y lo que está mal. El hecho de que sea un tríptico tiene también un sentido, porque el tres es un número completo, que representa en sí mismo el principio y el fin: padre, hijo y espíritu santo.
Esta y muchas de sus obras se van a caracterizar por tener diversos detalles, muchos hasta ahora incomprensibles y fascinantes, con una geometría compleja y sin un punto fijo al qué mirar. Dado este supuesto caos, es increíble pensar que El Bosco fuera contemporáneo de Da Vinci o Miguel Ángel. Y es que el misterio de este cuadro es la extensión del misterio que hay alrededor de la vida del artista.
Para empezar, desde que el cuadro está cerrado ya nos dice mucho. En la parte superior, sobre la representación del mundo, puede verse una frase en latín que significa: “Él mismo lo dijo y todo fue hecho; Él mismo lo ordenó y todo fue creado”, que forma parte de Los Salmos. Esta frase acompaña la representación del tercer día de la creación, cuando las aguas se separan para formar el paraíso. En esta parte emplea una escala de grises, precisamente porque en el tercer día de creación no había naturaleza, ni luz, ni oscuridad, sólo minerales. Esta escala de grises va a permitir que al abrir el tríptico se genere un contraste magnífico con los colores de los tres paneles.
La riqueza del tríptico reside en los detalles y en las escenas que se vislumbran entre el caos, todas siendo parte del mismo paraíso, como lo sugiere el hecho de que la línea del horizonte sea continua entre los paneles. Este paraíso, según algunos historiadores, no fue el primero creado por dios, sino el prometido en el nuevo testamento.
Ahora bien, una de las escenas que vale la pena resaltar es una no muy representada en el arte: el momento en el que dios crea a Eva a partir de Adán y se la presenta a su nuevo compañero. La forma en la que están dispuestos estos tres personajes representa al matrimonio como institución.
También este panel está la fuente de la vida, representada con formas orgánicas y no con estilo románico o gótico como era lo habitual. Esta fuente va a ser la división entre lo bueno y lo malo. En la parte derecha (el lado de Eva) están los animales asociados a la muerte y el pecado, como la serpiente o los gatos cazando ratones. Por su parte, en el lado de Adán, más geométrico, está el elefante y el pavo real, seres que representan la divinidad.
Ahora, mientras en el primer panel el pilar es lo religioso, en el central el antropocentrismo va a surgir fuertemente. Se trata de un paraíso engañoso, haciendo alusión a la instrucción de dios de multiplicarse, pero representado de manera lujuriosa. En este panel predomina el placer y la gula con simbolismos a través de frutos rojos. Todo esto enmarcado en el estilo onírico del artista, en donde no se identifican líneas claras y las figuras son desproporcionadas. Por ejemplo, los animales, reales o fantásticos, muestran dimensiones muy superiores a las normales y son híbridos con otros animales o con algunas características humanas, claramente porque son propios del paraíso. Ahora, respecto a los animales, en este panel se stán volviendo más oscuros en comparación con el primero, pero no tan deformados como se verán en el panel final.
Pero antes de pasar al infierno de El Bosco, en el panel central aparece de nuevo la fuente, esta vez alimentada por cuatro ríos y que se encuentra resquebrajada por los pecadores. Otro detalle justo debajo de la fuente es el de los hombres montados en animales representando que no están siendo razonables sino guiados por impulsos. Es importante notar que, a pesar del caos en el primer plano, el medio y el fondo se construyen de manera geométrica. Además, esta parte se inunda de escenas eróticas formando el falso paraíso del amor. Falso porque a pesar que sus personajes están disfrutando, el espectador puede predecir cómo su destino final es la condena.
La siguiente tabla sería entonces la tabla del infierno en donde se representan los pecados capitales y en donde muchos hombres ya se encuentran vestidos, quizás llenos de culpa. Es una representación asimétrica, en un incendio quizás inspirado por el que el autor experimentó en su ciudad. El hombre árbol que se ve en el centro de este panel va a encontrarse en dibujos del artista, y se cree que es un autorretrato. Es en este hombre árbol donde los glotones van a estar esperando que los demonios les sirvan sapos como castigo, y es una representación de como el cuerpo se vuelve la morada del pecado.
A su vez, a los avaros los castiga con un búho que devora a los hombres mientras los expulsa por el ano, los pecados del clero los representa con una monja convertida en cerdo, y a aquellos que se dejaron llevar por placeres mundanos los tortura con música. Por esto último y el predominio de los instrumentos se dice que es el Infierno Musical. La gaita como centro y el instrumento que se consideraba más "sucio" de la música profana, acompañado de laúdes y arpas, y orejas disecadas enviando un mensaje para sólo escuchar música sacra.
La grandeza de este cuadro reside en que nos genera empatía por escenarios que no logramos descifrar del todo, que se nos escapan, pero que a su vez nos hablan de una premonición, algo que en el fondo resuena con nosotros. Todos sus detalles van a inundar de inspiración a los surrealistas posteriores.
Finalmente, en cuanto a su técnica puede evidenciarse que muchos d elos detalles fue agregándolos, es decir, es una obra viva. Asimismo va a ser el título, que como muchas obras, su nombre original fue reemplazado varias veces hasta tener el que tiene actualmente.
Mesa de los Pecados Capitales (1505-1510)

Esta obra representa los siete pecados capitales: ira, soberbia, lujuria, pereza, gula. avaricia y envidia. Estos se enmarcan en una figura circular que hace alusión a la omnipotencia divina, y se ubican alrededor de la figura de Cristo con un mensaje en latín para advertir al espectador: "cuidado, cuidado que dios te está mirando". Alrededor de la mesa se encuentran cuatro escenas, representando la muerte, el juicio final, el infierno y la gloria.
Entre la representación de la muerte y el juicio final hay un mensaje del Deuteronomio, el quinto libro de la biblia, en latín: "porque son un pueblo que no tiene ninguna comprensión ni visión / si fueran inteligentes entenderían esto y se prepararían para su fin". Por su parte, el mensaje entre el infierno y la gloria traduce: "No esconderé mi rostro de ellos: y veré cuál será su fin". El mensaje general de esta obra entonces es advertir que quien se aleje del camino de dios le espera el infierno.
Podríamos empezar a leer la mesa desde la situación que se posiciona justo debajo de la figura de Cristo: la Ira. Para representar este pecado cuenta la historia de una pelea en una taberna fruto del alcohol. A continuación, en sentido contrario a las agujas del reloj, se representa la Soberbia como una mujer que se acicala ante un espejo sostenido por un diablo. La Lujuria muestra a dos parejas cortesanas recreándose bajo una tienda, amenizadas por un bufón. La Acidia -o Pereza- la personifica un hombre que duerme ante la chimenea en lugar de entregarse a la oración. La Gula está protagonizada por una familia que come y bebe con avidez. Un magistrado aceptando un soborno es el tema elegido para la Avaricia, mientras la Envidia la encarna una pareja que desea ardientemente el halcón que exhibe ante ellos un hombre rico, al tiempo que dos perros se pelean por un hueso.
Tríptico del Carro de Heno (1512-1515)

El Carro de Heno fue uno de sus últimos trípticos y obras en general. En el panel izquierdo se muestra su origen, desde la caída de los ángeles rebeldes transformándose en figuras híbridas, al arcángel con una espada impidiendo que Adán y Eva regresaran al paraíso y por supuesto la escena de la mordida de la manzana y que definirá el curso de la humanidad.
En el panel central el artista recrea un proverbio flamenco: "El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede". El Heno es un simbolismo a todo por lo cual trabajan los hombres locamente, y finalmente no es nada. Para El Bosco lo importante es creer en dios y seguir su doctrina, por lo que ridiculiza cualquier conducta o práctica que se salga de este paradigma. En el cuadro las personas luchan por tomar de ese heno, pero no se dan cuenta que el carro en donde está se encuentra conducido por demonios. Su obsesión los está dirigiendo al infierno. Incluso en medio de esta lucha hay abadesas, lo que denota una crítica a las instituciones eclesiásticas. Entre la desesperación del ángel de la guarda que eleva su mirada hacia Cristo y el demonio que toca la trompeta, encima del carro triunfa la lujuria, favorecida por la música con la que se entretiene la rica pareja sentada sobre el heno, mientras sus dos sirvientes retozan entre los arbustos.
En el panel derecho el Bosco representa un Infierno que está construyéndose aún. Los demonios son albañiles que construyen la torre, transportan el material por la elevada escalera -situada en la misma posición que la que se apoya sobre el carro de heno- o preparan la argamasa para seguir levantando en altura sus muros. Mientras tanto, otros demonios continúan trayendo pecadores para que inicien su condena.



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