El Greco
- Pianista Frustrada

- 7 may 2020
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Actualizado: 23 feb 2021
Doménikos Theotokópoulos (Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614) conocido como El Greco (el griego) fue un pintor del Renacimiento considerado maestro a los 25 años con taller propio y quien adoptó con estilo personal el uso del color, la perspectiva, el óleo y la anatomía.
Su formación se llevó a cabo principalmente en Venecia y Roma, en donde fue discípulo de Tiziano y conoció a Miguel Ángel y la Capilla Sixtina. Sin embargo, murió en España buscando el reconocimiento que se le había negado en Roma y que también Felipe II iba a negar al considerar sus obras inadecuadas. El Greco entonces se instala en Toledo, razón por la cual muchas de sus obras se encuentran en el Museo del Prado y otras ciudades españolas.
Fue catalogado como extravagante, dueño de un estilo increíblemente personal y reconocible, y criticado por reformistas por sus licencias iconográficas. Un intelectual, filósofo, esteticista y vanguardista por su estilo subjetivo y expresionista. Fue parte de la tríada de la escuela española con Velásquez y Goya, y aunque su obra se mantuvo en el olvido en la Ilustración, fue retomado en el Romántico.
A pesar de que tuvo un hijo y se le atribuye una relación sentimental, sin casarse, con Jerónima de las Cuevas, hay rumores (porque no hay nada que lo demuestre) que fue homosexual. A España trae a un aprendiz, Francisco Prevoste, a quien le otorgó poderes para cobrar sus cuadros y lo acompañó en su lecho de muerte. Se cree que fue su amante secreto, mantenido así por miedo a la Inquisición.
En cuanto a la interpretación de su obra, se debate el origen religioso de sus obras, o si tiene un fin más filosófico y de interés por comprender la naturaleza humana. Se dice que era un pintor de "religiosidad relajada", dado que en sus obras blasfema algunos aspectos. Sus cuerpos y desnudos son andróginos, intersexuales y de aire onírico.
La Trinidad (1577-1579)

La representación de Cristo muerto sostenido parcialmente por Dios Padre, sentado en un trono de nubes, acompañado por la paloma, símbolo del espíritu santo, y rodeado de un grupo de ángeles, es uno de los ejemplos más logrados del carácter de la pintura del Greco en su primera etapa en España.
Esta obra fue basada en una estampa de Durero. Impresionan los colores venecianos que emplea el artista, la serenidad de los rostros y la relación entre el padre y el hijo que representa como si representara La Piedad.
Una Fábula (1580)

En torno a un tizón encendido se agrupan tres figuras: el muchacho que sujeta y sopla la llama, un hombre de sonrisa bobalicona y un mono encadenado que sopla también con expresión concentrada. Cuando estaba en Napoles El Greco pintó una composición similar en donde sólo estaba el muchacho soplando una vela (Muchacho encendiendo una candela, 1571).
El otro hombre y el mono complejizan interpretar la obra. Sin embargo, se piensa que alude de cierta forma a la exposición al pecado: el mono y el fuego eran símbolos de ello en esa época.
La Adoración de los Pastores (1612-1614)

La Adoración de los Pastores (1612-1614) es una escena nocturna en donde tres pastores, ángeles, María y José adoran al niño recién nacidos. Es una obra que contiene muchísima expresión, empezando por el asombro del niño por encontrar tantas caras mirándolo, y a pesar de ese miedo, la luz del cuadro viene de él, siendo un símbolo importante. También en el niño podemos encontrar una anatomía similar a la de los querubines en el extremo superior derecho, mostrando que también es un ángel.
En el cuadro hay tres tipos de ángeles: los querubines, similares al niño, los serafines, seres andróginos y más jóvenes y aquellos representados con sólo cabezas y alas (muy surrealista). Estos ángeles tienen una tez muy blanquecina, y algunas de sus caras están borrosas. El Greco, como un estudioso y surrealista, se interesaba mucho por representar lo etéreo y lo místico.
Ahora, a nivel técnico, los rostros de los pastores demuestran una gran habilidad y sobre todo un adelanto en cuanto las pinceladas son del expresionismo alemán. Esto y otros estudios demuestran que El Greco no sólo usaba la parte de adelante del pincel sino también el mango, e igualmente sus dedos para pintar, generando gran plasticidad en la obra.
Ahora, el autor también se esforzó por diferenciar los personajes principales de los secundarios. Mientras que el niño, María y José están más definidos, los pastores están más esbozados e incluso con un tono de piel diferente. Pero entre estos pastores hay algo especial, y es que el que está arrodillado dando la espalda es el mismo Greco, y quien está a su derecha es su hijo. Este autorretrato se debe a que fue su último cuadro, el cual iba a a estar en la capilla donde iban a descansar sus restos.
En cuanto a la composición, la escena principal la desplaza a la izquierda para dar dinamismo que va a ser complementado con un movimiento circular. Además, se pueden identificar triángulos ascendentes que elevan la mirada hacia el cielo. Estas dos figuras generan entonces una espiral, articulando lo terrenal y lo divino.
Es importante mencionar que esta obra tiene una predecesora homónima que se encuentra en Valencia (1602).



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