Arte y Nacionalismo: Velásquez, Rembrandt y Vermeer como miradas afines
- Pianista Frustrada

- 18 ago 2019
- 3 min de lectura
Actualizado: 11 ene 2021
La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas marcaron un nuevo curso en la historia del arte: la mayoría de los esfuerzos creativos se dirigieron a expresar la grandeza y la superioridad de muchos países (Howard & Hoffman, 2013). La literatura, arte y música de Rusia en el siglo XIX (Encyclopedia of Russian History, 2004), los frescos de Diego Rivera en México y las pinturas y esculturas promovidas por los Nazis son ejemplos de cómo el arte ha sido puesto al servicio del nacionalismo (Howlett-Martin, 2017).
Pero ¿qué es el nacionalismo? George Orwell (1945) lo define como el "hábito de identificarse uno mismo con una única nación u otra unidad, ubicándola más allá del bien y el mal y reconociendo no otro deber que el de cumplir sus intereses" (p. 280). Esta ideología ha influenciado muchos artistas por todo el mundo y en diferentes épocas. Sin embargo, podemos encontrar algunas incongruencias cuando queremos conjugar el arte y el nacionalismo.
Mientras que el nacionalismo es una doctrina, el arte por otro lado busca cuestionar el orden establecido. La esencia del arte es filosófico, te da formas de ver el mundo, apela a la subjetividad, la que por definición está cambiando: es por esto que el trabajo del artista no puede ser adjudicado a la identidad de una Nación. El nacionalismo no te permite ejecutar acciones que rompan el status quo.
La idea de que el arte es una expresión del país de nacimiento del artista ha invitado a muchos críticos a creer que el trabajo creativo es definido según el lugar en donde es gestado (Howlett-Martin, 2017). Sin embargo, es común ver a muchos artistas a viajar para encontrar "su estilo". Como ejemplo podemos tomar a Dürer, quien nació en Nuremberg, pero estuvo fascinado por los albores renacentistas de Italia, por lo que decidió establecer su trabajo en este país. ¿Es su trabajo alemán? ¿italiano? No importa, realmente. Al final, el trabajo de un artista no puede definirse según donde haya nacido o dónde fue realizada la pintura. Se define por cómo el artista recogió todas sus experiencias de vida en una forma única y subjetiva.
Según lo anterior, hablar de "arte francés" o "arte italiano" es una falacia. ¿Es nuestro derecho reducir el trabajo de una artista por lo que está escrito en su pasaporte? ¿Deberíamos seguir señalando las cosas que nos diferencian? La propuesta aquí es política y es sobre cómo vemos el arte. Por supuesto, los artistas tienen el derecho de representar los asuntos políticos, económicos y sociales de sus naciones, pero esa es sólo una representación de lo que el pintor o escultor vivieron en el momento: no es una excusa para resaltar la superioridad de un país sobre otro. Poner el arte al servicio del nacionalismo es al final proponer estrategias para segregarnos. Aunque el arte es una experiencia subjetiva, los autores deben ser responsables sobre cómo representan sus opiniones mediante su trabajo, y nosotros debemos responsabilizarnos sobre cómo interpretamos dicha representación.
El Museo Nacional del Prado da un gran ejemplo de qué deberíamos ver cuando vemos arte. Su exposición actual (Agosto de 2019) busca abandonar todos los intentos de los críticos del siglo XIX de señalar las diferencias entre países. Por su aprte, los curadores prefieren señalar qué nos une.
Después de que Holanda ganara su independencia de España, muchos historiadores han visto las dos naciones como opuestas, especialmente en cuanto al arte. Vermeer (Holanda) y Velásquez (España) se vieron afectados por esta segregación, cuando realmente su trabajo no puede complementarse de manera más armónica. En primera medida, sus estilos son herederos del retrato en Italia en el Siglo XV y de las pinceladas sueltas y a golpes de Venecia. De esta manera, siglo XVII transgrede el estilo limpio de las décadas anteriores.
Además, sus obras tratan de humanizar, mostrar lo cotidiano. Pero con este punto hay que ser cautelosos. Cuando se afirma que pretendían mostrar lo cotidiano, no se hace referencia a la realidad; estos creadores se alejan de la realidad, es arte puro. Su intención es ingresar al espectador al cuadro.
La Vista del jardín de la Villa Medici en Roma de Velásquez, y La callejuela, de Vermeer, fueron pintados en lugares distintos por artistas que no se conocieron, pero que expresan una intención estética muy similar: muros desgastados, pocas figuras anónimas y una discreta asimetría.
Retratar lo cercano para apelar a lo trascendente
Ahora, mientras que otros artistas europeos escogen un estilo luminoso, Rembrandt (autoretrato) y Velásquez (Menipo) eligen algo más profundo, con miradas brillantes e irónicas respectivamente.


Referencias:
Encyclopedia of Russian History (2004). Nationalism in the Arts. Retrieved from: https://www.encyclopedia.com/history/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/nationalism-arts
Howard, A. D. & Hoffman, D. R. (2013): A Picture Is Worth a Thousand Words: Building American National Identity Through Art, Perspectives on Political Science, 42(3), pp. 142-151
Howlett-Martin, P. (8 de septiembre de 2017). Art, nationalism and cultural heritage. Counterpunch. Retrieved from: https://www.counterpunch.org/2017/09/08/art-nationalism-and-cultural-heritage/
Orwell, G. (1945). Notes of Nationalism. In: Fifty Orwell Essays. Retrieved from: http://www.limpidsoft.com/a5/orwellessays.pdf






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